¿QUÉ ES EL MASAJE INFANTIL?

     Responder a esta pregunta haciendo un recordatorio a la historia desde que Vimala McClure viajó a la India hasta nuestros días es sencillo, está a la disposición del que quiera obtener el aspecto histórico relacionado con la pionera occidental en este arte.

     Pero a mí me gustaría expresar aquello que no es posible leer, aquello que tampoco es posible transmitir sólo con palabras. Pero como nos servimos de ellas en este nivel de comunicación intentaré hacer el esfuerzo.

     Partimos de una unidad, la familia, que es el siguiente paso a la pareja y que consta del binomio padres/hijos. En esta interrelación es donde el proceso de vinculación entre los padres (padre y madre) y su/s vástago/s es tan importante. Tanto para esos hijos, que, en su aprendizaje del mundo que le es nuevo e inexplorado, necesitan de alguien que los guíen y eduquen, necesitan de referentes puesto que la imitación es su primer modo de aprendizaje; como para los padres, que se enfrentan a la ardua tarea de emular a sus propios progenitores y dejan de ser sólo hijos para convertirse también en padres, y se empiezan a dar cuenta de las dificultades que entraña la responsabilidad de tener la vida de otro ser bajo su tutela.

     Es en este punto donde entra a formar una parte importante el masaje infantil y, puesto que el tacto es un sentido que ya es detectado en el embrión de ocho semanas de edad en el vientre materno, se podría decir que el masaje infantil une estos tres elementos tan importantes en la primera infancia: padres, hijos y tacto.

     Del primero de estos tres elementos depende que se genere un espacio diario atemporal, independiente de nuestra cotidianeidad, cuya dedicación sea en exclusiva para aquellos que tanto lo necesitan siendo enriquecedor para ese binomio del que hablaba al principio.

     Con el tacto se mueven las emociones, con el tacto se transmiten sentimientos: cariño, confianza, amor, seguridad,... existe una transmisión desde la persona que da el masaje hacia el bebé que lo recibe.

     Con el tacto recordamos que una vez fuimos niños y que ese bebé que está delante tuya no te pertenece, no es tu posesión, sino que se merece el respeto y la atención de alguien que es amado, es él el que decide si quiere ser masajeado o no en ese momento, es él quien decide sobre su cuerpo, es él quien nos dice con su sonrisa, su pataleo, sus sonidos, su mirada..., si quiere que le des un masaje. Es su decisión y sea cual sea ésta, tendremos que respetarla.

     Es por todo esto que el masaje infantil no es un masaje terapéutico ni tiene esa intención. Sino más bien es un modo de enseñar a escuchar a través del tacto. Es un diálogo íntimo entre un padre o una madre y su hijo, es un aprendizaje mútuo, un instante cálido lleno de franqueza y entrega... simplemente maravilloso.

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